El material más duradero no es siempre el que lleva más etiquetas: es, ante todo, el que no se tendrá que cambiar en cinco años. En los espacios que diseñamos (hoteles, restaurantes, oficinas o residencias), las superficies experimentan un uso intensivo: cientos de pasos al día, impactos y limpiezas repetidas. Pensar en la durabilidad implica, por tanto, abordar tres cuestiones fundamentales: de dónde viene el material, cómo envejece y qué será de él. Así es como tomamos nuestras decisiones.
Materiales que adquieren pátina en lugar de desgastarse
Existe una diferencia fundamental entre los materiales que se degradan y los que adquieren pátina. Un laminado descascarillado está estropeado. Una mesa de roble macizo con marcas cuenta una historia y se puede lijar, volver a aceitar y reparar. La madera maciza, la piedra, el latón, la piel de flor, los enlucidos de cal y el terrazo pertenecen a esta segunda familia: su desgaste supone una ganancia estética y casi todo en ellos se puede restaurar. Este es uno de los secretos de los interiores atemporales: están hechos de materiales que aceptan el paso del tiempo. Por el contrario, muchos materiales sintéticos que imitan a estos envejecen mal y no se pueden reparar. Se reemplazan, lo que significa que se tiran a la basura.
El origen: cadenas de suministro trazables
En el caso de la madera, las certificaciones FSC y PEFC avalan una gestión forestal responsable. Priorizar además las especies europeas como el roble, el fresno, el haya o el pino reduce el transporte y apoya a los productores locales. En cuanto a los textiles, la lana, el lino (del que Francia es uno de los principales productores mundiales) y el cáñamo ofrecen alternativas robustas a los sintéticos. Respecto a los suelos, el linóleo auténtico, compuesto por aceite de linaza, harina de madera y tela de yute, se desmarca de los suelos vinílicos con los que suele confundirse: su composición es mayoritariamente natural y posee una longevidad notable. Por último, las pinturas y barnices con bajas emisiones de COV (compuestos orgánicos volátiles) ya no son un lujo sino un estándar decisivo para la calidad del aire interior. Un asunto tanto de salud como de confort.
La reutilización: el recurso que ya está ahí
El enfoque más sostenible consiste en no producir lo que ya existe. Esto empieza por la propia estructura del edificio: conservar un parqué antiguo y restaurarlo, desmontar con cuidado puertas, radiadores de hierro fundido o una vidriera, en lugar de tirarlo todo al contenedor de escombros. Continúa con el mobiliario: el mercado de segunda mano y las plataformas de reutilización profesional ofrecen hoy piezas de calidad, a menudo mejor construidas que sus equivalentes nuevos, y que aportan al espacio una profundidad que ningún catálogo puede dar. En un proyecto ecléctico, mezclar piezas antiguas, mobiliario diseñado a medida y ediciones contemporáneas no es solo una firma estética. Es un ahorro de recursos.
Duradero, por lo tanto desmontable
Un criterio todavía muy poco frecuente en las decisiones de diseño: el fin de vida útil. Un ensamblaje atornillado se desmonta y se reutiliza. Un ensamblaje pegado acaba en la basura. Diseñar distribuciones reversibles, con mobiliario modular desmontable, revestimientos colocados en lugar de pegados cuando sea posible e instalaciones técnicas accesibles, es ofrecer al espacio la capacidad de evolucionar sin destruir todo. Para un restaurante o una tienda, cuya identidad puede cambiar en pocos años, esto es también un argumento económico directo.
Nuestro método: decidir elemento por elemento
No existe el material perfecto, solo elecciones acertadas para un uso, un presupuesto y una vida útil determinados. Nuestro papel es hacer que estas decisiones sean comprensibles. Dónde invertir en madera maciza y diseños a medida: en las superficies de contacto, lo que toca la mano. Dónde aceptar soluciones más sencillas: lo que solo percibe la vista. Y cómo se comportará cada elección dentro de diez años. Un interior duradero no es un interior estático: es un interior diseñado para acompañar la vida.


