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La acústica, el lujo invisible de los restaurantes y hoteles

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Esquema del artículo /

¿Por qué tantos restaurantes son ruidosos?

Absorber sin recargar

En el hotel, el silencio es una promesa

Diseñar el sonido como se diseña la luz

Se fotografía la decoración, se comenta la carta, pero lo que a menudo decide si volver o no a un restaurante es algo que no se ve: el sonido. Una cena en la que hay que alzar la voz para hacerse oír cansa, acorta la velada y estropea el recuerdo del lugar. Por el contrario, una sala donde la conversación fluye incluso a pleno rendimiento ofrece un confort de cuyo origen no siempre nos percatamos. Este confort se diseña, y se diseña desde el principio.


¿Por qué hay tantos restaurantes ruidosos?


El culpable es bien conocido: la reverberación. Cuando el sonido rebota en superficies duras como el hormigón visto, el vidrio, las baldosas o los techos desnudos, tarda mucho en extinguirse. Las conversaciones se superponen unas a otras, cada uno habla más alto para sobresalir por encima del ruido ambiental y esto aumenta aún más el nivel sonoro. Es el llamado efecto cóctel, una espiral muy documentada. La ironía es que esta situación suele ser el resultado de una estética: los interiores minerales y depurados, tan fotogénicos, son también los que más reverberan. El reto del diseñador consiste precisamente en reconciliar ambos aspectos.


Absorber sin recargar


La respuesta clásica consiste en introducir superficies absorbentes que atrapen la energía sonora en lugar de rebotarla. Hoy en día la paleta de opciones es muy rica y muchas soluciones pueden pasar desapercibidas o convertirse en elementos decorativos por derecho propio: falsos techos y bafles acústicos, paneles de pared tapizados, cortinas pesadas, bancos acolchados, alfombras, mobiliario tapizado, e incluso luminarias acústicas que combinan iluminación y absorción. La regla de oro: tratar prioritariamente el techo y las paredes enfrentadas, que es donde el sonido rebota de un lado a otro.

Pero la acústica no se limita a añadir espuma. La propia distribución es una herramienta. Fragmentar una gran sala en subespacios, alternar las alturas del techo, alejar las mesas de las zonas ruidosas como la barra, la cocina abierta o la cafetera, y orientar los bancos para crear reservados: todas estas decisiones se toman en la fase de boceto, cuando todavía no cuestan nada.


En el hotel, el silencio es una promesa


En la hostelería, el reto cambia de naturaleza. Ya no se trata solo de la comodidad al hablar, sino del aislamiento. El ruido es uno de los principales motivos de queja en las opiniones de los clientes y depende de detalles técnicos: el aislamiento entre habitaciones colindantes, el tratamiento de las puertas de entrada (que suelen ser el eslabón más débil), la insonorización de las tuberías y la elección de los pavimentos en los pasillos. En los edificios antiguos de París, con sus suelos de madera y tabiques ligeros, estos puntos requieren un diagnóstico honesto en la fase de viabilidad, ya que corregirlos a posteriori siempre resulta más costoso.


Diseñar el sonido como se diseña la luz


Nuestro enfoque es sencillo: el paisaje sonoro de un lugar forma parte de su identidad, al igual que la iluminación o los materiales. Una coctelería puede permitirse una energía sonora que contribuya al ambiente. Una sala de un restaurante gastronómico busca la intimidad. El vestíbulo de un hotel debe absorber el tránsito de personas sin llegar a ser tan silencioso que resulte intimidante. No existe una acústica perfecta única, sino una acústica adecuada para cada uso. Y esta se decide junto al cliente desde los primeros bocetos, recurriendo si es necesario a un ingeniero acústico para las configuraciones complejas.

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